Saliendo de Veracruz
Texto: José Ramón Vallespín Gómez
A media mañana la
cubierta del Glorioso hervía de actividad. El calor era ya intenso y para eso
la noche apenas había sido un alivio, pero la gente estaba muy animada con la
inminente partida. Por bajo de las voces de los contramaestres y el crujir de
madera y jarcia con el trasiego de material, en las voces apagadas de la
marinería se notaba una mezcla de alegría y ansiedad ante la perspectiva de la
vuelta a la península. Cualquier travesía larga significaba un riesgo derivado
de la meteorología y las enfermedades, pero si se trataba de cruzar la mar
océana en tiempo de hostilidades como era el caso, había que contar con el
peligro añadido de un encuentro con el enemigo, y eso ponía un punto de
excitación en los ánimos de todos.
Había dado orden previa de que en cuanto
llegasen los caudales se fuera preparando el remolque por medio de los botes
para aligerar todo lo posible la maniobra de salida, que quería realizar en
cuanto tuviera la carga a buen recaudo y así evitar tentaciones al enemigo
interior…
Sigue la historia
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